Cristo antes de ascender nos encomendó la misión de seguir impartiendo las mismas buenas nuevas de salvación, a través de la misma obra que el hizo cuando estuvo en la tierra; la obra de sanar, educar y predicar, todas unidas e inseparables (Mateo 28: 19 y 20; Mr. 16:15-18), a través del poder impartido por el Espíritu Santo y por testimonio, siendo así sus testigos (Hechos 1:8 y Mateo 24:14). Para realizar esta obra entre otras cosas nos reveló que: “Deben establecerse sanatorios en diferentes países, donde trabajan nuestros misioneros, para que sean centros desde los cuales se lleve a cabo una obra de sanidad, restauración y educación.” – {2JT 482.2}. También nos dejó la tarea de prepararnos como pueblo de Dios de manera integral y guardarnos irreprensibles en espíritu, alma y cuerpo (1 Tes. 5:23) para su segunda venida al mismo tiempo que llevamos este mensaje de preparación a todo el mundo. Nos mostró que: “La obra de la reforma pro salud es el medio que el Señor usa para aminorar el sufrimiento en nuestro mundo y para purificar a su iglesia. Enseñad al pueblo que puede actuar como la mano ayudadora de Dios, cooperando con el Artífice Maestro en restaurar la salud física y espiritual. Esta obra lleva la firma del cielo, y abrirá las puertas para la entrada de otras verdades preciosas. Hay lugar para que trabajen todos los que se hagan cargo de esta obra en forma inteligente”.—Testimonies for the Church 9:112, 113 (1909). – {CRA 91.1}.
Creemos firmemente en que, como miembros, laicos de la IASD tenemos la responsabilidad de apoyar la iglesia y nuestros lideres para el cumplimiento de la misión de la iglesia y el pronto regreso de Cristo ya que: “La obra de Dios en esta tierra no podrá nunca terminarse antes que los hombres y mujeres abarcados por el total de miembros de nuestra iglesia se unan a la obra, y aúnen sus esfuerzos con los de los pastores y dirigentes de las iglesias...” – {OE 364.4}.